Ayer al mediodia recibí una llamada telefónica. El padre tal de la parroquia tal te solicita por favor que dictes una charla sobre sexualidad esta noche a partir de las siete y media al grupo de participantes en el curso de confirmación. En el mes de marzo del presente año habíamos acordado dictar dicha charla por cuanto en dos años anteriores lo habíamos hecho.
Comenzamos la charla pasando la lista, aparecían cuarenta y uno participantes. Niñas, adolescentes y jóvenes desde los once años, estudiantes de sexto grado hasta jóvenes adultos de 27 años, madre soltera con su hija de diez años que también realizaba el curso. Preguntamos a cada participante edad, grado que cursaba, instituto escolar y si habían el año pasado compañeras embarazadas. Nos paseamos por la mayoría de los colegios católicos de la ciudad y algunos liceos. En la mayoría de ellos se habían presentado embarazos en adolescentes. Solamente dos de los colegios no habían tenido alumnas con embarazos. Eso no significaba que durante el año no se hubiesen dado, por cuanto ante la rigídez de algunos colegios católicos, la presión familiar y social se tiene el recurso del aborto.
Desarrollamos un tema muy sencillo sobre la necesidad de conocer, comprender y valorar la sexualidad como una condición natural dentro de la persona humana y adecuamos los mensajes a alertar sobre las infecciones del VIH-SIDA, los embarazos precoces, la violencia sexual y abortos. Exploramos en los participantes sus aprendizajes anteriores y todos habían recibido clases de educación sexual en las escuelas. Luego dejamos abierto el tiempo para que hicieran preguntas. La respuesta fue un completo silencio. Esperamos algunos minutos y el silencio se hacia más impactante. Todos los participantes manifestaron interés durante la charla, recibían el mensaje con mucha naturalidad que podríamos deducir que todo lo que informábamos y mucho más lo conocían. Sabemos que la televisión, el cine, la prensa, revistas, Internet y los compañeros de la misma o mayor edad son fuentes permanentes de información sexual. Hicimos la pregunta de cierre que nos ha servido para este escrito: ¿Han hecho alguna vez preguntas sobre sexo a sus padres? La respuesta fue un fuerte NO de casi todos los participantes. ¿Han hecho preguntas a sus docentes durante las clases de sexualidad o durante otras clases? Igual respuesta: NO. Esto nos confirma nuevamente lo que hemos diagnosticado desde hace veinte años que comenzamos a dictar conferencias y talleres en los ambientes de niños, jóvenes, adolescentes, mujeres, hombres, adultos, tercera edad, campesinos, estutiantes, obreros, reclusos y reclusas, sacerdotes, religiosas y obispos. Todos han nacido y crecido en una socio-cultura de tabues sexuales, de silenciamiento y represión del habla del tema sexual. Se han asomado a todos los medios de información impersonal, unidireccional pero jamás han socializado el conocimiento, la información, las experiencias y se encuentran pasivos y como asomados al mundo del sexo, alienados o como si el sexo es un asunto de otros. De esta manera la ignorancia y deformación se mantiene en las poblaciones sobre el sexo, con sus mitos, prejuicios, desórdenes, patologías y conflictos. Esto sucede aunque los individuos nos encontremos envueltos en un oceáno de información que dan la sensación de tener mucha información y conocimientos sobre la sexualidad y el sexo. Esta realidad la siguen explotando comercialmente mediante la pornografía que es muy distinto que el erotismo que se ha convertido en un ingrediente del cine, teatro, canciones, revistas y programas que abundan en Internet.
Una hora de charla sirve apenas para diagnostica y verificar que pasan las décadas y los condicionamientos socio-culturales respecto al sexo se mantienen a pesar de leyes, programas y servicios y mientras tanto los graves problemas contra la vida, la salud, el desarrollo y bienestar de los individuos y los pueblos siguen creciendo.
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